Jim Clark ha sido una de las figuras más influyentes de la informática en los últimos 20 años, aunque no haya tenido la notoriedad de Bill Gates o Steve Jobs. En esta biografía, un poco gamberra, se repasan sus años de mayor actividad en Silicon Valley.
Los años 90 fueron los de la burbuja .com, los de la aparición de Internet como un fenómeno de masas, los de la creación de enormes fortunas en las nuevas tecnologías y los de la explosión de la burbuja tecnológica con el cambio de milenio. Sus protagonistas fueron a menudo personas con un profundo conocimiento técnico de las máquinas que creaban y un considerable espíritu de aventura, pero en ningún caso el típico inversor de décadas anteriores.
Clark fue uno de esos ingenieros que empezó a hacer cosas en el garaje de su casa, que se aprovechó de las características del sistema americano y que logró crear una fortuna en menos de una década. Pero lo llamativo no es el dinero que ganó o las cosas que hizo, sino su personalidad caótica, caprichosa y arrebatadora, que es lo que se centra el libro.






Una película entretenida sobre la ocupación romana de Gran Bretaña en el S.II d.C, en la que seguimos las aventuras de un centurión caído en desgracia a consecuencia de una herida de guerra.