Escuchaba hace unos días un concurso de televisión, uno de esos que parecen ser eternos por más que uno se siga preguntando de dónde sacan el dinero para aguantar 10 o 15 años en antena. “¿Cómo se llama la obra que empieza con Mi nombre es Ismael?”. No lo sabían ninguno, lo cual es triste y da qué pensar, pero me hizo pensar en esas frases geniales que abren libros y películas.
Herman Melville escribió Moby Dick en 1851 y no puede decirse que obtuviera un gran éxito comercial. La obra es bastante pesada, con largas descripciones enciclopédicas de la pesca de ballenas que matan el ritmo de la historia en varios puntos. Pero la frase inicial, ese “Call me Ishmael”, que aquí se traduce como “ni nombre es Ismael”, es una de esas frases sencillas que te hacen sentir una cierta nostalgia de la historia y ganas de volver a leerla. O, en su defecto, de volver a ver la estupenda adaptación de John Huston, protagonizada por Gregory Peck, de 1956.
Siempre quise escribir frases así, siempre he querido tener la inspiración necesaria para escribir una frase que enganche al lector en la primera línea, que atrape al auditorio en la primera frase. Hay ejemplos maravillosos de frases que consiguen arrancarme una sonrisa, como la frase inicial del Cuento de Navidad de Dickens: “Para empezar, Marley habia muerto”. Pero claro, me río por la divertidísima adaptación que hizo Brian Henson con los teleñecos en 1992. Sigue leyendo

