Los abogados no hacen proyectos

Uno de los conceptos que más perjuicios ocasiona, al tratar de implantar un sistema de gestión de servicios jurídicos, es la idea de que los abogados hacen proyectos. Definir el trabajo de un abogado como «proyecto» crea un conjunto de asunciones falsas, aunque difícil de identificar al principio, que genera un efecto de bola de nieve en torno al que sólo aparecen problemas.

Algunas de las propuestas iniciales de gestión de proyectos jurídicos (Legal Project Management) centran todo su esfuerzo en plantear una equivalencia entre las prácticas del mundo de la ingeniería con el mundo jurídico. Incluso libros muy recomendables, como «Legal Project Management in One Hour for Lawyers» de Pamela Holdow, caen en ese error.

Para entender el problema, hay que comprender qué es lo que trataron de conseguir los ingenieros y técnicos que definieron métodos y marcos como el PMBoK o PRINCE2. Por si no los conoces, el PMBoK es una guía de procesos para la gestión de proyectos, elaborada por el Project Management Institute, la mayor asociación profesionales de directores de proyecto del mundo; por su lado, PRINCE2 es una norma de gestión de proyectos del gobierno británico.

Un proyecto, de acuerdo al PMBoK, es «un esfuerzo, limitado en el tiempo, destinado a construir un resultado único». Esta definición puede parecer que encaja en algunos de los trabajos que se hacen en un bufete, pero si lo analizamos con detenimiento, verás que no es así.

La primera parte parece clara: un proyecto es un esfuerzo limitado en el tiempo. Una demanda es un esfuerzo limitado en el tiempo. La resolución de un divorcio es un esfuerzo limitado en el tiempo. La liquidación de bienes en un proceso de quiebra es un esfuerzo limitado en el tiempo. Todos esos escenarios son ejecutados por abogados y tienen un marco temporal definido: empiezan en una fecha y terminan en otra.

El problema reside en comprender la diferencia entre el concepto de marco temporal para un proyecto de ingeniería, como los que se gestionan con el PMBoK o PRINCE2, y el marco temporal de un «proyecto» jurídico, tal como los afronta un abogado. En un proyecto de ingeniería, los inversores o patrocinadores quieren conseguir un resultado concreto en un plazo de tiempo, con un presupuesto fijo. Su mayor preocupación es que no haya sorpresas ni desviaciones, por lo que las técnicas que aplica el jefe de proyecto están destinadas a reducir la incertidumbre: incertidumbre con los proveedores, con los costes, con los plazos de ejecución o con la comprensión de los requisitos.

Para ello, el PMBoK pone un gran énfasis en la fase de planificación. El planteamiento es que, si se toman bien los requisitos y se hace un plan robusto en torno a unas prácticas de ingeniería consolidadas y unos proveedores fiables, será posible construir la obra propuesta en un plazo concreto, con un presupuesto predecible y un resultado confirme a las especificaciones iniciales. Eso es lo que significa un «proyecto» en ingeniería, que no tiene nada que ver con la realidad del «proyecto jurídico».

Cuando se plantea una demanda de divorcio, por ejemplo, el abogado no sabe exactamente qué es lo que quiere el demandante, que puede ser proteger su patrimonio, la estabilidad de sus hijos, su futuro financiero o, simplemente, vengarse de la persona que lo ha traicionado emocionalmente. Tampoco sabemos qué es lo que va a hacer la parte contraria. No hay forma de definir al demandado como un interesado con directrices, motivaciones y objetivos comprensibles. Para empezar, porque raras veces vamos a disponer de su colaboración para comprenderlos, anotarlos y que sean compatibles con los intereses del demandante al que representas como abogado.

Cuando se presenta una demanda civil, no sabemos las fechas en que el juzgado fijará la vista oral para las partes, cuáles serán los argumentos de la parte contraria o cuál será la decisión del juez o el jurado. No sabemos cuál será el coste de los testigos expertos o informes periciales que habrá que aportar. No sabemos si será necesario acudir al recurso en segunda instancia, plantear una cuestión de constitucionalidad o elevar un recurso final al Tribunal Supremo.

En definitiva, el abogado no puede comprometer un resultado de ninguna forma y el abogado que diga que puede garantizar el resultado de un pleito a su cliente, le está engañando y ejerciendo con una notable falta de ética comercial y profesional.

Lo que el abogado puede ofrecer es su mejor consejo y experiencia para cada uno de los desafíos que le plantee su cliente, ya sea una demanda de divorcio, la formalización de un contrato o la defensa en un juicio penal. Todos esos escenarios tienen un objetivo concreto y único: la defensa de los intereses del cliente. Pero dicho objetivo no puede parametrizarse en términos de páginas o intervenciones, sino de directrices y pretensiones.

Por tanto, cualquier intento de tratar un «proyecto jurídico» como un «proyecto», con las técnicas de planificación y monitorización de procesos del PMBoK u otros marcos similares, está condenada al fracaso desde el principio.

El trabajo del abogado es prestar servicios de asesoría jurídica a su cliente, que puede ir acompañador de la ejecución de tareas que den como resultado un entregable, en forma de acuerdo comercial, contrato o sentencia. Pero ese documento no es algo que se construye, como un barco o una casa, sino el resultado emergente de un proceso de negociación, argumentación y análisis de conformidad al marco jurídico.

Aunque inicialmente la gente con menos formación en este ámbito pueda convencerte de que tienes un «proyecto» entre manos, a medida que avance el trabajo verás que todo el esfuerzo en mitigar los riesgos como si estuvieras construyendo edificios o barcos genera más y más problemas. La realidad se impondrá a las previsiones y terminarás desechando toda la inversión inicial, en favor de un trabajo de «bombero», apagando los fuegos que vayan surgiendo.

En consecuencia, el trabajo del abogado se desarrolla, con pocas excepciones que comentaré en otro artículo, en un entorno de incertidumbre extrema que debe gestionarse con técnicas adecuadas a esa realidad.

Si quieres saber más cosas sobre cómo gestionar las tareas y proyectos de un despacho jurídico, te recomiendo que sigas leyendo en mi libro Kanban para Abogados.