A veces, una quiebra ordenada es mejor que mantener el negocio abierto

Una de las lecciones más importantes que debe aprender el empresario es que nadie debería empezar un negocio sin planificar cómo cerrarlo en caso de tener problemas. No me refiero sólo al método legal de cierre, sino a las condiciones económicas y emocionales. Un negocio en pérdidas es como un barco que se hunde, arrastrando al emprendedor y todo lo que le rodea. En épocas de crisis, esta decisión es aún más importante para evitar la ruina total.

Estos días leo muchos casos de pequeños empresarios que se enfrentan a situaciones trágicas: gente que estaba funcionando con cierta normalidad y conseguía pagar sus facturas, de repente se encuentra consumiendo los pocos ahorros que había reunido en pagar impuestos, suministros y el sueldo de los empleados, si es que los tiene.

Las historias que estoy leyendo son tremendas: alguien que tiene un bar, tramita una baja temporal de los empleados para que éstos puedan cobrar un mínimo garantizado por el Estado y, cuando las cosas permiten que vuelva a abrir, le dicen que no quieren volver porque con ese subsidio pueden tirar unas semanas más de «vacaciones» sin tener que trabajar. Una mujer que había montado un pequeño negocio tras el divorcio y a quien el casero no quiere renegociarle el alquiler, así que tiene que seguir pagando aunque no tenga dinero para comer ni para pagar las necesidades de sus hijos.

Lo que todas estas historias tienen en común, como muchas más que seguro que tú conoces, es que tras ellas hay una persona que había montando un pequeño negocio y que se encuentra abrumada por las deudas, la pérdida de ingresos y la sensación de que se ha quedado tirada en medio de la tormenta, sin la ayuda de nadie. No quiero debatir la decepción y amargura que queda cuando ves que esos empleados por cuyo bienestar te has esforzado, te dejan tirado. La naturaleza humana es lo que es. Lo que quiero es compartir contigo una reflexión práctica, que es cuándo decir «hasta aquí hemos llegado«.

En los foros que yo leo, a veces hay alguien que dice: «¿por qué no cierras la empresa?«, y es como si hubiera dicho una herejía, porque todo el mundo empieza a criticar esa actitud derrotista: «no quiero dejar tirados a mis empleados«, «es que la dueña del local lo necesita para vivir y me da pena«, «es que he puesto mucho cariño en este negocio«, «es que después de 20 años no puedo dejarlo sin más«, etc.

Todas estas excusas no son más que sofismas para negar una situación evidente: no es fácil renunciar a la inversión emocional que has hecho en tu negocio. Lo que pasa es que ese vínculo emocional es como la cuerda que te ata a un mueble muy caro que se hunde en un naufragio: o la cortas, o el mueble te arrastra y te hundes con el resto del barco.

Te lo explico de otra forma y quizás lo veas más claro: NADIE debería meterse jamás a invertir en bolsa sin haberse hecho antes un tratamiento de electrochoque mental, para desprenderse de cualquier tipo de sentimentalismo. Cuando inviertes en acciones pones un dinero, por ejemplo $10.000. Como el precio de las acciones baje un céntimo de ese valor inicial, deberías deshacer tus posiciones (venderlo todo) de inmediato. Es lo que se llama poner un tope a las pérdidas (stop-loss order). No tiene por que estar en el punto que te acabo de decir; en realidad las mejores estrategias de inversión son aquellas que te permiten retirarte cuando has ganado algo, pero la posición tiene pinta de encaminarse a una pérdida mayor de la que ha acumulado en las últimas jornadas.

No quiero hablar de estrategias de inversión bursátil, sino de esos escenarios en los que tienes la sensación de que «en algún momento tiene que recuperarse«, «ya verás como cuando se supere la crisis volvemos a crecer«, «esto es sólo algo pasajero«. Todo eso es una forma de auto-engaño que sólo va a llevarte a ahondar el agujero en el que te estás metiendo, si es que llega a pasarte alguna vez.

Siento ser el «malo» de la película, pero tú no montas un negocio para dar de comer a tus empleados, ni para proporcionar sustento a la propietaria del local, ni para contribuir a la liberación de las focas en el ártico. Tú montas un negocio esencialmente porque te gusta emprender y ganarte la vida con ello. El verdadero emprendimiento no es negocio, es pasión. Como resultado adicional, creas una riqueza (junto al equipo que formas) que da sustento a tus empleados, a los proveedores y a todo el que se cruce en tu camino y quiera hacer negocios contigo. Pero lo que no puedes hacer es sostener ese ecosistema y esa pasión a costa de tu ruina porque, sin un negocio viable, tarde o temprano agotarás los recursos y todo el mundo perderá. Tú, el que más.

No estoy proponiendo una suerte de «darwinismo social híper-competitivo» en el que debas ganar dinero a costa de tus empleados. Lo que digo es que los negocios, cuando son rentables, benefician a todos los implicados, pero cuando se ven amenazados, llega un momento en que hay que saber reconocer que ha llegado el punto de cortar, liquidarlo y pasar a la siguiente etapa, que sería el equivalente a una orden de limitación de pérdidas en tu inversión empresarial.

Volvamos al ejemplo de la inversión en bolsa para que veas cómo atajar el problema: compras $10.000; durante seis meses suben de forma sostenida y obtienes una ganancia del 4’5%; es decir, $450. A partir del sexto mes, la evolución del valor se estanca e incluso llega a perder algo, retrocediendo hasta el 3%. ¿Qué haces? Una stop-loss es una orden automática que te protege de pérdidas adicionales, que se ajusta a reglas que tú mismo defines, como por ejemplo: «en el momento en que pierda más del 50% de lo ganado en los últimos seis meses, se liquidan la mitad de las acciones«. Al hacer eso das una oportunidad a que la mitad de tu inversión se recupere, pero «realizas» el valor del otro 50%, introduciendo una ganancia neta en tu inversión y evitando que el total de la cartea te arrastre a una pérdida mayor si se mantiene la tendencia bajista. Cada Enron, Gowex, Worldcom o cualquier otra burbuja bursátil que terminó con mucha gente arruinada, está llena de personas que no pusieron tope a sus pérdidas.

¿Cuál podría ser el equivalente a un «plan de cierre» ordenado, en caso de que las cosas vayan mal en tu negocio? Pues una posibilidad es definir unas reglas de protección de la inversión, como que «en el momento en que perdamos más del 50% de lo ganado en los últimos seis meses, se paralizan las inversiones de todo tipo, y si perdemos más del 75%, se liquida el negocio«. No lo sé, estas reglas dependerán mucho del tipo de negocio, la plantilla, los compromisos adquiridos o los gastos pendientes.

Un ejercicio que tendrías que hacer al principio de cada año fiscal es calcular cuánto te cuesta cerrar la empresa en ese mismo momento. No porque haya una crisis, sino como un ejercicio habitual de gestión del riesgo. Si en este mismo instante tuvieras que cerrar, ¿cuánto te costaría pagar las indemnizaciones por despido, los contratos pendientes, los gastos legales, los abogados o la liquidación del inventario? La cifra que te salga es un dato. Ahora le sumas cuánto necesitas para vivir un año sin ingresos, que es otro dato. Los sumas y esa puede ser la cantidad mínima a partir de la cual no merece la pena que sigas manteniendo abierto el negocio. Porque si hay pérdidas más allá de ese punto, tendrás que cubrirlas de tu bolsillo.

Estos cálculos no son arbitrarios, sino que obedecen a una realidad muy dura: en la mayoría de los sistemas legales, el emprendedor o propietario es responsable de las pérdidas de la empresa, de los impuestos y de las negligencias. Incluso en los marcos jurídicos que tienen sociedades mercantiles de responsabilidad limitada, esa protección no te libra de pagar todos los impuestos pendientes. Así que, en todo momento, necesitas tener apartado lo necesario para liquidar la empresa porque, si no lo haces, puede que termines vendiendo tu casa para cubrir las deudas y te encuentres arruinado y en la calle.

Es perverso que haya que pagar por cerrar un negocio en quiebra, pero sólo tienes dos opciones: o aprendes las reglas y juegas mejor que los demás, o te arruinas con tu idealismo inconsciente.

La segunda cifra es para que puedas reponerte. Un año para recuperarte del dolor emocional, de la posible depresión, de las consecuencias económicas y encontrar la siguiente idea que te permita salir adelante es más que razonable. No será un año con el ritmo de vida que podías tener antes, pero intenta hacer los cálculos para que la comida de tu familia, los servicios del hogar y lo necesario para trasladarte y buscar nuevas oportunidades esté cubierto.

Si no has tenido esa previsión y te encuentras en una situación crítica, sólo puedo decirte una cosa, desde la posición de alguien que te comprende y que ha montado unas cuantas empresas, arruinándose un par de veces: aprende la lección. Cierra YA, reduciendo las pérdidas todo lo que puedas, y la próxima vez deja el idealismo en la puerta y calcula por adelantado en qué punto debes dar por perdido el barco y dejar que se hunda sin que te arrastre. Es difícil y doloroso, pero mucho menos que afrontar la ruina personal y los efectos que puede tener en tu entorno familiar, si no cortas la situación de inmediato.

3 comentarios

  1. Buenos días, que pasos debo seguir para declarar en quiebra mi empresa SAC, no hay ventas tengo deudas con los bancos y proveedores

    1. Hola, Carlos. Lo que me preguntas depende por completo del sitio en el que vivas, ya que la legislación varía mucho de una jurisdicción a otra. Si vives en España, te sugiero que inicies un pre-concurso de acreedores, que es una notificación al Juzgado de lo Mercantil de que consideras que vas a incurrir en falta de liquidez y, no queriendo ocasionar daños a clientes o proveedores, vas a iniciar una negociación amistosa previa al concurso. No marca una gran diferencia con el concurso pleno, pero te protege de una declaración de insolvencia punible al administrador, lo que tendría como resultado que serías responsable de las deudas con tu patrimonio personal.
      El proceso, por desgracia, es complejo. Si, es la paradoja de que para arruinarse hay que gastarse dinero, es complicado y no tienes garantizada la resolución pacífica. Estoy pensando en escribir una guía práctica de cómo hacerlo, pero tengo que terminar otra antes de cómo reclamar facturas impagadas, que es la otra plaga de los pequeños empresarios.
      En este artículo están bien explicados los pros y contras del pre-concurso
      https://www.leanabogados.com/concursal/preconcurso-de-acreedores/
      Si no vives en España o tienes más dudas, dentro de los límites de que no ejerzo como abogado, escríbeme e intento orientarte. Un saludo.

  2. La mayoría de micro empresarios estamos pasando por una situación que ya queramos prácticamente
    Deudas con los bancos y productos que no podemos pagar

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