La inspiración sale de donde menos lo imaginas

Quién me iba a decir que empezaría el año escribiendo un libro sobre la historia del ron cubano. Hace tiempo que tenía en mente empezar una pequeña colección de libros sobre la cultura de la bebida; siempre me ha gustado y creo que es un tema interesante. De hecho tengo ya esbozos para los dos o tres primeros títulos, pero esto ha sido una especie de arrebato: surge una idea y la pillas al vuelo sin pensar.

La historia empieza un lunes por la tarde en el centro de Madrid, cuando me dirijo a una reunión del Club Pasión Habanos, que es un club gestionado por Tabacalera para promocionar la cultura del habano. Antes de que te lleves las manos a la cabeza, te aclaro que no fumo, que no me gusta fumar y que nunca me vas a ver con un cigarrillo en las manos. Pero hay ciertas cosas en la cultura que nos rodea que hunde sus raíces en costumbres de décadas y siglos. La expresión «café, copa y puro» es muy española y refleja esa costumbre, que ya se va perdiendo, de dedicar un tiempo de sobremesa a charlar de forma relajada tras la comida, mientras tomas con tranquilidad un café, una copa de un buen licor y un puro, de esos que tardan casi una hora en consumirse.

Puedes renegar todo lo que quieras de tus raíces, pero ese gesto forma parte de nuestra cultura y te sorprendería la forma en que la compartimos a ambos lados del Atlántico. Yo, además, soy un firme creyente en el refrán que dice «en bote pequeño está la buena confitura» y prefiero una copa ocasional de un ron o un whisky bien escogidos, que litros y litros de cerveza o vino tinto.

¿Y cómo aprecias lo que estás bebiendo, aparte de que sepa más o menos bien? Pues profundizando en la historia de lo que te tomas. Así descubres que el Champagne se descubrió por accidente, que el whisky es incoloro cuando sale de la destilación o que la persona que tienes delante pertenece a la familia que creó el ron Havana Club en Cuba.

A menudo vienen invitados a las actividades del club que te cuenta curiosidades sobre el origen y preparación de la copa que te estás tomando y te aseguro que son tardes de lo más interesante y agradables: te sientas en un sofá cómodo, rodeado de otros 30 o 40 aficionados al tema, y escuchas con tranquilidad las historias más sorprendentes.

La botella que nos pusieron delante ese lunes en particular era bastante llamativa, con una etiqueta dorado y presentada en una caja de lujo de color negro, con una cartulina en la que aparecía la foto de un señor de largos bigotes, al estilo de lo que podía llevarse a finales del S.XIX. Resulta que ese señor con bigotes es D. José Arechabala, fundador de una destilaría con su nombre, que durante décadas fue la primera o segunda empresa más importante en la exportación de ron cubano, pegándose codo a codo con la famosa Bacardí. Ya tiene gracia que sean dos empresas de origen español las que fuesen a desarrollar el negocio del ron cubano al otro lado del mundo, pues Arechabala era vasco y Bacardí era catalán.

Las dos empresas compartieron un momento agitado de la historia cubana, en torno a su independencia de España, la abolición de la esclavitud, dos guerras mundiales y el desarrollo del negocio del ron, una bebida que hasta hace poco más de 100 años era un brebaje duro, sólo apto para marineros curtidos. Y aquí es donde viene el dato que te va a dejar con la boca abierta, porque después de una aventura empresarial de más de 50 años en la que el Sr. Arechabala y sus herederos consiguieron sobreponerse a guerras y huracanes, llegó la revolución cubana y, en nombre del colectivismo proletario, perdieron todo lo que tenían en el curso de unos pocos días.

Literalmente, una mañana entraron unos cuantos revolucionarios de uniforme, al grito de ¡Viva la Revolución!, dando una patada en la puerta de la fábrica y se incautaron de todo. En pocos meses, las instalaciones de Arechabala a orillas del golfo de Florida, cerca de las preciosas playas de Varadero, se echaron a perder y quedaron en la ruina. La familia tuvo que huir con lo puesto y todo lo que había costado tantos tiempo construir quedó atrás.

Años después, el gobierno cubano vio la oportunidad de conseguir divisas aprovechando el prestigio que había conseguido la marca Havana Club y se les ocurrió la idea de vender cualquier ron que pudieran hacer en sus fábricas poniéndole esa denominación, aunque el contenido no tuviera mucho o nada que ver con el original. Total, los Arechabala no podían quejarse y siempre habría alguien dispuesto a hacer negocio con ellos.

El resultado de lo anterior es una de las mayores disputas de la historia en torno al control de una marca comercial que han visto los tribunales de medio mundo. Las demandas y contrademandas entre el gobierno cubano, Barcadí, Cubaexport, Pernod Ricard y otros cuantos protagonistas sorpresa es una historia apasionante que todos los que estábamos en la sala escuchábamos sin pestañear de boca de D. Antón Riestra, biznieto de D. José Arechabala. La historia me pareció tan interesante que, al terminar la reunión, me puse en contacto con la familia y les propuse convertirla en un libro, una crónica de lo que habían sido esos años.

Y aquí me tienes ahora, leyendo sentencias del Tribunal Supremo, repasando decenas de periódicos de finales del S. XIX, buceando en las páginas de una declaración realizada frente al Senado de los Estados Unidos hace tres décadas y repasando varias horas de grabaciones y entrevistas, recogiendo los datos dispersos de esta historia para convertirlos en una narración que, espero, te parezca tan apasionante como me lo pareció a mí la primera vez que la escuché, pero con el detalle y detenimiento que permiten la investigación detallada para la publicación de un libro.

De momento, yo tengo mi botella del Ron Arechabala 140 Aniversario (gracias, Antón) a buen recaudo en las estanterías de un bar especializado en rones del centro de Madrid, disfrutando de unos sorbos cada vez que me paso por allí y comparto los descubrimientos que he hecho con algunos amigos de esta afición de tomar una copilla de vez en cuando. No mucho, pero sí bien escogido.

En efecto, la inspiración para el siguiente libro puede surgir del rincón y el momento más insospechados.

La inspiración sale de donde menos lo imaginas

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