¿Es positivo tener el mayor número de contactos posible en redes sociales?

Existe un tipo de usuario en LinkedIn llamado LION que se caracteriza por tener una red de contactos muy por encima de lo normal, del orden de miles o decenas de miles. ¿Merece la pena crear estas macro-redes de contactos?

La mayoría de los usuarios tiene una agenda de unas pocas decenas de contactos. Algunos tienen cientos y muy pocos tienen miles, pero la duda es si estas macro-redes generan un beneficio mayor que otras más reducidas. Los LION, acrónimo de LinkedIn Open Networker, defienden la idea de que cuánto mayor sea la red, más oportunidades hay de encontrar a alguien que pueda hacerte llegar una oportunidad interesante.

Sin embargo, la red abierta por excelencia, Xing, pierde visitantes y no consigue acercarse a LinkedIn a pesar de una actividad frenética en la organización de encuentros y un cierto bombardeo de mensajes, cantando las excelencias de este modelo de relaciones. De hecho, acaban de anunciar el despido de parte de su plantilla y el cierre de algunos centros europeos. Algo no funciona en el “open networking”.

El objetivo de las redes sociales profesionales es acceder a un grupo de contactos de confianza que puedan facilitarnos el acceso a una oferta de trabajo mediante un “aval personal”, que nos permita rodear el proceso de selección impersonal en los foros de trabajo clásicos como InfoJobs o Tecnoempleo. Parece lógico pensar que cuanto mayor sea la red, mejores oportunidades tenemos, pero ¿cuál es la dimensión correcta de esa red? O mejor dicho ¿cuál es el momento en que la red pierde su capacidad de generar avales de confianza?

Un reciente estudio demostraba que nuestro universo de personas conocidas se sitúa en torno a 600, pero eso es en conjunto, no el círculo cotidiano. En mis cursos hacemos un ejercicio muy sencillo para demostrar este punto: coge una hoja de papel y escribe, en un minuto, los nombres de las personas con las que hayas tenido contacto recientemente. Contacto no es “saludar” en el ascensor, sino una relación suficientemente intensa como para generar un lazo profesional o personal. Pasado ese minuto, vuelve a poner el cronometro de nuevo en marcha y sigue añadiendo nombres. Lo normal es que la lista hecha en el primer minuto tenga más nombres que la segunda y que entre ambas no consiga sumar más de 40. Pruébalo.

El problema es que por cada persona que agregamos a nuestro perfil en Facebook o LinkedIn, tenemos una nueva fuente de actualizaciones en nuestro muro social, lo que hace más difícil seguir esas novedades y terminamos por no hacerles caso. Lo mismo le pasa a la persona que está “al otro lado”. Si nos agrega una persona con miles de contactos, la probabilidad de que una actualización en nuestro currículum pase desapercibida es muy grande.

Otro tanto ocurre con los detalles personales; cuanto mayor es la red de contactos, más difícil es que podamos tener información de calidad sobre cada uno de ellos. Consulta tu lista de contactos en cualquiera de estas redes y pregúntate de cuántos conoces la fecha de cumpleaños, su trayectoria profesional, sus aficiones o su competencia laboral. En muchos casos, una gran parte de esos contactos se han agregado de forma indiscriminada o por simple afinidad con otro contacto anterior que es, precisamente, lo que defienden los LION: crecer de cualquier manera.

Redes como Facebook recomiendan establecer contacto sólo con personas cercanas, pero al mismo tiempo utilizan la palabra “amigo” para designar cualquier contacto, de forma que pierde su significado original y se convierte en sinónimo de “conocido”. Cualquiera puede repasar la lista de contactos de otra persona y lanzar solicitudes de admisión en su red sin requisitos especiales.

LinkedIn, por su parte, establece criterios en apariencia algo más estrictos, ya que hace falta tener una relación concreta con la persona a la que se contacta o conocer su correo electrónico. Pero esto es sólo una apariencia. Basta con pertenecer al mismo grupo que otra persona para mandar una solicitud de entrada en su red. Con esta banalización del contacto social ¿cómo es posible generar avales de confianza?

Es cierto que existen técnicas para crear una red social amplia y robusta, pero requieren tiempo, paciencia, un trabajo diario y una estrategia muy clara de establecimiento de lazos. Al final, las redes sociales no deberían hacer más que mimetizar el entorno cotidiano: las personas más abiertas tendrán amplias redes de contactos tanto en su vida cotidiana como en el mundo virtual y las más introvertidas tendrán redes pequeñas en ambos entornos.

Mi consejo es crear redes pequeñas y sólidas que vayan creciendo al mismo tiempo que lo hace la experiencia personal y profesional. Con cada nuevo proyecto, cada nuevo trabajo o viaje, conocemos nuevas personas. En vez de dejarlas pasar de cualquier forma, intenta estrechar los lazos comunes, crear contactos de calidad basados en experiencias compartidas y ampliar el círculo a partir de esas semillas. Estas redes requieren menos tiempo y esfuerzo que las grandes redes indiscriminadas, dan más satisfacciones y son más estables. Es posible que al principio tu red no sobrepase más que unas pocas decenas de personas, lo cual por otro lado es normal, pero al cabo de un tiempo, el resultado empezará a ser palpable.